Al parecer, hay que retirarse a tiempo de la Casa Blanca, la mesa de la ruleta de Montecarlo y la noche de Barcelona. Cortarse la coleta aunque los tendidos estén vacíos. Quedar a almorzar con los amigos y no a cenar. El león envejece, claro, pero nunca se vuelve hervíboro, misterios de la biología. Así que en cenas de verano como la del miércoles, mis amigos y yo pedimos rodaballo, pierna de cordero y arroz con cigalas.
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